Un grupo de militantes feministas realizó una fugaz y potente intervención artística a modo de protesta en las puertas del diario El Tucumano, ubicado en la calle Moreno 250 de San Miguel de Tucumán.
La performance fue estrictamente conceptual y se diseñó en torno a dos ejes cargados de profundo simbolismo, pensados como un reflejo de la postura del propio medio de comunicación:
Sin registro audiovisual: La intervención no fue grabada ni fotografiada por las manifestantes. Esta ausencia de imágenes representó la ceguera del medio, ilustrando físicamente lo que el diario no ve o elige ignorar.
Completamente silenciosa: La falta de sonido funcionó como un espejo y una denuncia directa ante la postura editorial de la empresa, que no habla ni emite palabra alguna sobre la grave acusación que involucra a la familia del propietario.
Este reclamo artístico estuvo dirigido directamente a Julio Valenzuela, dueño del diario. Su hermano, Jorge Valenzuela, se encuentra acusado de abusar sexualmente de su propia hija. La denuncia penal permanece “dormida” y paralizada en la justicia provincial desde hace 7 años.
Durante este extenso período, el acusado no concurrió cuando fue citado a declarar en varias oportunidades sin sufrir consecuencias legales. Las principales hipótesis de la protesta señalan que quien lo protege mediática y judicialmente es su propio hermano, Julio Valenzuela, señalado como el principal beneficiario de la pauta oficialista en la provincia desde hace una década.
