La historia de RollingCode, forjada por Walter Juárez Rivas, Pablo Frías y Juan “Jhonny” Guzmán, se inscribe en una realidad conocida de Tucumán: la percibida escasez de talento calificado en desarrollo de software. En lugar de interpelar a las estructuras educativas tradicionales, sus fundadores optaron por una estrategia de formación privada para cubrir esta demanda del mercado, generando un modelo que hoy cuenta con más de 500 egresados y una nueva sede en Buenos Aires.
El caso de Franco Ruiz, uno de los primeros becados, ilustra la resiliencia individual. Su trayectoria, desde múltiples intentos universitarios hasta roles en gigantes como Mercado Libre y Globant, y su actual puesto en Amperity (EE.UU.), refleja la capacidad de ascenso en la nueva economía digital. Sin embargo, su éxito también subraya la necesidad de apoyos como las becas y la tutoría para quienes carecen de “referentes tecnológicos cercanos” y recursos iniciales.

La historia de Agustín Indarte y Nahuel Flores, desde Monteros hasta la creación de Cefindex, evidencia la potencia del emprendedurismo local. Su desafío inicial para “cotizar un pancho y una coca” pone de manifiesto una brecha común: la falta de herramientas para valorizar el trabajo y gestionar proyectos, aspectos que la comunidad de RollingCode busca subsanar con un enfoque pragmático.
Andrés Cuello, quien se abrió camino en plena pandemia con una computadora básica, encarna el espíritu de superación individual. Su pasaje a Naranja X y su convicción de que “la falta de oportunidades es un mito” es un mensaje potente. Pero invita a la reflexión: ¿es esta afirmación aplicable por igual a todos los jóvenes tucumanos, o es el resultado de un esfuerzo extraordinario en un contexto de desigualdad de acceso a recursos tecnológicos y educativos?
Estos perfiles, diversos en edad y origen, comparten un punto: su paso por RollingCode les abrió puertas en tecnología. Muchos lo lograron sin emigrar, lo que la escuela llama el “sueño tucumano”: acceder a trabajos de nivel internacional. Sin embargo, esto también refleja la histórica migración de talentos y la aspiración, a menudo impuesta, de validación en mercados globales.

La Inteligencia Artificial y la Brecha Digital
La pregunta sobre el rol de la Inteligencia Artificial en la programación actual es pertinente. Si bien los fundadores enfatizan que la IA “potencia todo lo que uno sabe”, esta visión pragmática también invita a pensar en las posibles brechas. Sin acceso a esas “bases” y a la tecnología misma, ¿la IA no podría ensanchar aún más la distancia entre quienes pueden acceder a estas herramientas y quienes quedan rezagados en el desarrollo productivo?
Un Modelo “A Pulmón” en un Ecosistema Desatendido
El “arranque a pulmón” de RollingCode en 2019, sin grandes inversores externos, es un testimonio de la iniciativa privada. Este modelo de autofinanciamiento y crecimiento orgánico, que hoy integra una escuela, un estudio de desarrollo de software y un espacio de coworking, subraya la capacidad de auto-organización frente a la ausencia de políticas públicas coordinadas que impulsen decididamente el ecosistema tecnológico regional con inversión de base.
El hecho de que RollingCode Studio desarrolle proyectos de alta complejidad, incluso para industrias extractivas como Vaca Muerta, y que sus egresados se sumen a estos proyectos, revela la sintonía entre la formación y las demandas del capital, garantizando una salida laboral directa pero también orientando el tipo de habilidades que se valoran en el mercado actual.

“Nunca tuvimos un gran inversor detrás. Lo que tuvimos fue la convicción de que si a nosotros la programación nos había cambiado la vida, podíamos ofrecerle lo mismo a otra gente. Cada egresado que consigue trabajo es la prueba de que esa apuesta a pulmón funcionó.”
— Walter Juárez Rivas, cofundador y CEO de RollingCode School
¿10.000 Desarrolladores para Quién?
La ambiciosa meta de formar 10.000 desarrolladores en el Norte argentino y replicar el “sueño tucumano” –acceder a trabajos internacionales sin emigrar– plantea una interrogante. ¿Este “círculo virtuoso” se orienta a fortalecer un ecosistema tecnológico autónomo o a nutrir la demanda de capitales externos, exportando talento que podría impulsar una economía local más diversificada e inclusiva?
El Acceso a la Formación: ¿una Oportunidad para Todos?
La promoción de invierno con 50% de descuento busca “bajar la barrera de entrada”. Sin embargo, este tipo de iniciativas privadas, si bien facilitan el acceso individual, también evidencian que la capacitación de alta calidad en tecnología sigue siendo, para muchos, un bien de mercado cuyo costo puede ser un obstáculo insalvable en un contexto de amplias desigualdades socioeconómicas. La democratización real del conocimiento tecnológico requiere de políticas públicas que garanticen el acceso universal y gratuito a una educación de calidad.
