El receso mundialista llegó a su fin y con él se reactiva la maquinaria del fútbol profesional. Este domingo, desde las 15, Atlético Tucumán debutará en el Torneo Clausura frente a Independiente Rivadavia en el Monumental José Fierro. El objetivo principal es sumar puntos para esquivar el fantasma del descenso.
Detrás de la pasión popular que cada fin de semana moviliza a miles de trabajadores a las tribunas de 25 de Mayo y Chile, se juega la supervivencia económica de la institución. En la actual estructura de la Superliga, mantener la categoría es un imperativo de ingresos televisivos y posicionamiento corporativo de la dirigencia.
El fixture del “Decano” repetirá de manera idéntica los rivales del semestre pasado. El equipo conducido por Julio César Falcioni enfrentará en las primeras fechas a rivales directos en la lucha por la permanencia: Central Córdoba, Huracán, Sarmiento y Estudiantes de Río Cuarto.
Estos encuentros exponen la desigualdad del fútbol argentino. Mientras la Asociación del Fútbol Argentino (AFA) y los clubes satélites del poder central disfrutan de prebendas, los equipos del interior deben batallar con presupuestos acotados para sostener su lugar en la élite.
En la primera parte del año, la falta de previsión deportiva dinamitó el proceso de Hugo Colace tras cosechar magros resultados en esta misma seguidilla clave. Hoy, la experiencia de Falcioni ofrece un pragmatismo táctico que busca blindar al equipo de las urgencias institucionales.
La hinchada decana volverá a copar el José Fierro con el anhelo de ver ganar a su equipo. El fútbol, disputado en los despachos como un negocio de pocos, sigue encontrando en el aguante popular su única e innegable legitimidad de clase.
