El odio del Norte global a la irreverencia popular: el trasfondo colonial de la campaña contra la Selección

La derrota de la Selección Argentina en la final del Mundial 2026 ante España no solo dolió en el plano deportivo, sino que desató una fuerte reacción geopolítica y cultural de las viejas metrópolis contra la irreverencia de un país del Sur global.

Detrás de las acusaciones de “arrogancia” y “violencia” que proliferaron en los medios de comunicación hegemónicos de Europa y Estados Unidos, late la incomodidad histórica de las potencias imperialistas ante una nación periférica que les disputa la hegemonía en el único terreno donde no rige el monopolio financiero: el fútbol popular.

Mientras el periodismo corporativo de Washington califica el juego argentino como “agradable e irritable”, la reacción local revela cómo las dinámicas del poder internacional intentan disciplinar el orgullo de las clases populares. En este escenario, el presidente de ultraderecha Javier Milei pretendió defender al país alineándose con la retórica imperial, compartiendo citas del líder colonialista británico Winston Churchill, en una muestra flagrante de contradicción ideológica.

La campaña de desprestigio escaló con declaraciones de figuras de la industria cultural norteamericana como Samuel L. Jackson, quienes acusaron de racismo al país de manera generalizada. Si bien la discusión sobre la matriz racista y la invisibilización de las identidades afro y originarias en Argentina es urgente y necesaria, las lecciones de moralidad de los países colonizadores —que fundaron su riqueza sobre la esclavitud y el saqueo— funcionan como un dispositivo de distracción geopolítica.

Como advierte el sociólogo Iván Schuliaquer, juzgar al fútbol del Sur con la vara moral del Norte es una reproducción del colonialismo cultural. El fútbol para el pueblo argentino, desde los potreros de Tucumán hasta las canchas de Buenos Aires, ha sido históricamente una herramienta de resistencia, astucia y dignidad frente a la desigualdad estructural.

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