Adorni, entre la inocencia “mileísta” y la denuncia exprés

La cosa se puso picante para el jefe de Gabinete. Manuel Adorni está en la mira. Lo investigan por su patrimonio. Hablan de viajes, propiedades, sociedades en el exterior. Un montón de preguntas sin respuestas claras.

Él, como siempre, se hace el desentendido. “No conozco Disney”, tiró. Niega tener sociedades afuera. Dice que todo es una “construcción mediática” sin sustento. Pura cortina de humo, según él.

“Milei me banca”, repite como un mantra. Se planta, dice que no renuncia. Que jamás cederá a las presiones. ¿Será que la confianza presidencial es un escudo anti-denuncias? Parece.

Pero la mejor defensa, dicen, es un buen ataque. Adorni va a la carga. Denunciará al diputado Tailhade. Lo acusa de espionaje ilegal. Dice que el legislador manejó información personal suya y de su familia. Cuestión grave, dice.

Ah, y después de días de silencio, ¿adivinen qué? Vuelve a la Casa Rosada. Habrá conferencia de prensa la semana que viene. Parece que la sala de periodistas, cerrada por “seguridad nacional”, se abre para él. Justo ahora.

Mientras tanto, la Justicia no duerme. El fiscal Pollicita sigue pidiendo informes. Quiere saber si los números de Adorni cierran. Acá, en Tucumán, no nos comemos cualquier cuento.

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