En un nuevo gesto de sumisión ante la oligarquía terrateniente, el presidente Javier Milei utilizó la tribuna de la Sociedad Rural Argentina para renovar sus promesas de impunidad fiscal para los sectores más concentrados del agro.
Ante una platea colmada de grandes propietarios de tierras, el mandatario detalló un cronograma de reducción progresiva de retenciones hacia 2028. La soja bajaría del 33% al 24% para llegar eventualmente al 15%, mientras que el trigo y la cebada ya gozan de reducciones inmediatas.
Lo que el relato libertario presenta como “libertad” es, en realidad, una brutal transferencia de recursos. La quita de retenciones a la patronal agraria será financiada mediante la profundización del extractivismo minero y energético, hipotecando los bienes comunes para sostener las ganancias agroexportadoras.
La mirada desde Tucumán
En nuestra provincia, esta lógica centralista y primarizadora se traduce en la asfixia de las economías regionales. Mientras el gran capital pampeano recibe beneficios impositivos, los pequeños productores de limón y azúcar en Tucumán sufren las consecuencias del ajuste, la falta de crédito y la desregulación que destruye el empleo local.
Nicolás Pino, titular de la Sociedad Rural, no ocultó la voracidad de su sector y exigió que las retenciones “dejen de existir por ley y para siempre”, dejando en claro que los dueños de la tierra exigen concesiones inmediatas sin importar el costo social o la pobreza del resto de la población.
Por último, la interna del poder también se hizo sentir: la vicepresidenta Victoria Villarruel decidió ausentarse de Palermo, evidenciando las grietas políticas en la cúpula de una gestión que solo se muestra unida a la hora de favorecer a los sectores más ricos del país.
