El deslucido empate 0-0 entre Atlético Tucumán e Independiente Rivadavia en el Monumental dejó sabor a poco en lo deportivo, pero expuso con crudeza la realidad estructural que atraviesa el club. Detrás de la siesta futbolística se esconde el peso del ajuste y los errores de gestión de la mesa chica decana.
Una vez más, las deudas financieras jugaron en contra del proyecto deportivo. La inhibición que pesa sobre la institución impidió la habilitación de futbolistas clave como Ignacio Galván y el refuerzo Julián Fernández, desnudando la falta de previsión de una dirigencia más preocupada por los números que por el protagonismo en la cancha.
Ante este panorama de asfixia administrativa, la respuesta llegó desde las bases populares del club. El debut del juvenil Ramiro Paunero en el lateral izquierdo, sumado a la firmeza de Luciano Vallejo, demuestra que las divisiones inferiores siguen siendo el verdadero soporte de resistencia del club frente a las malas decisiones de los de arriba.
El desarrollo del encuentro reflejó las limitaciones de un fútbol mercantilizado. Con un ritmo lento y previsible, Atlético sintió la falta de recambio. El conformismo táctico de los minutos finales derivó en la impaciencia y los silbidos de una tribuna trabajadora que hace un enorme esfuerzo económico para acompañar al equipo y exige respuestas a la altura.
El próximo jueves ante Central Córdoba en Santiago del Estero, el Decano tendrá una prueba clave. Resta saber hasta cuándo la entrega de los pibes de la cantera podrá seguir tapando las grietas de un modelo dirigencial que sigue en deuda con su gente.
