La herencia silenciada de Bernabé Aráoz: el caudillo tucumano que repartió tierras a sus milicias

La historia oficial argentina, diseñada a la medida del centralismo porteño por Bartolomé Mitre, ha intentado borrar sistemáticamente a los líderes populares de las provincias. El caso del coronel mayor Bernabé Aráoz es un claro ejemplo de cómo la historiografía liberal invisibilizó a quienes sostuvieron las guerras de la independencia con recursos locales y apoyo de las bases populares.

Aráoz no solo fue un militar clave para el triunfo de Manuel Belgrano en las batallas de Tucumán (1812) y Salta (1813), movilizando milicias gauchas, caballadas y recursos propios frente al avance realista del jefe español Pío Tristán. Su verdadero potencial revolucionario se evidenció en su concepción de la justicia social y el territorio.

Documentos recuperados del Archivo Histórico de la Provincia confirman que, tras recibir tierras ejidales por parte del Cabildo en 1820 como recompensa por sus servicios, Aráoz tomó una decisión política inaceptable para las oligarquías de la época: fraccionó esas tierras y las donó a los milicianos gauchos que lo habían acompañado en el frente de batalla. Este temprano intento de reforma agraria popular selló su destino frente a los terratenientes tradicionales.

El desprecio de las élites hacia su figura continuó en la modernidad. A finales del siglo XX, durante una cuestionada remodelación de la plaza de Monteros —su ciudad natal—, se retiró una pirámide histórica erigida en su homenaje en 1879. El monumento desapareció sin dejar rastros, en un acto que devela la desidia patrimonial y el sistemático borrado de la memoria popular.

A nivel federal, la rosca política sigue bloqueando su reconocimiento. Mientras el proyecto para declararlo “Héroe Nacional” duerme en el Congreso de la Nación por la resistencia de sectores salteños que cuidan un monopolio simbólico de la gesta del norte, la Municipalidad de San Miguel de Tucumán llegó a omitir su nombre en las decoraciones del pasado 9 de julio, borrando los rastros de la que fue su casa en la calle Congreso.

A pesar del olvido institucional, la memoria de Aráoz resiste desde abajo. Leyes provinciales recientes que instituyen el “Día del Prócer Tucumano” e imponen su nombre a la Estación Central de Ómnibus buscan disputar el sentido histórico. Reivindicar hoy a Bernabé Aráoz no es solo un acto de revisionismo académico, sino una necesidad política para cuestionar el histórico sometimiento del norte ante el puerto de Buenos Aires y sus socios locales.

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