La cocaína no es novedad acá. En nuestras calles, la droga sigue su curso sin freno. Pibes y familias enteras pagan el precio más alto.
Dicen que llevamos casi un siglo de ‘inquietud’ por este tema. Noventa y nueve años de dar vueltas, de hablar y no hacer nada. ¿Acaso alguien vio algún cambio real?
Las llamadas políticas antidrogas parecen un chiste. Más relato y menos soluciones concretas. La plata se mueve, pero la sustancia sigue circulando.
Mientras los de arriba debaten y simulan, los barrios se desangran. El negocio prospera, y el daño social se agrava. La ‘preocupación’ oficial no alcanza.
Casi cien años de historia y la misma mierda de siempre. La cocaína sigue acá, desafiando todo. ¿Será que a nadie le importa de verdad?