Preparen las velas y el pulóver, porque el recorte no tiene piedad. El Gobierno acaba de meterle la mano en el bolsillo a 2.5 millones de hogares que, de un plumazo, dejaron de recibir el subsidio de luz y gas.
No es una planilla de Excel, es la realidad: familias que ya no llegan a fin de mes ahora se encuentran con boletas que son un pingo de pagar. Según los datos oficiales (que suelen maquillar pero esta vez no pueden ocultar), el recorte es masivo y apunta directo al corazón de la clase media que labura.
En Tucumán Arde lo vemos todos los días: mientras los de arriba siguen de joda, al vecino le sacan la red de contención. ¿La excusa? El déficit cero. ¿La realidad? Boletas impagables y heladeras vacías. Acá no se anda con vueltas: el hachazo llegó y nos está dejando a todos a la intemperie.