La Universidad Nacional de Tucumán (UNT) se encuentra sumida en un inédito vacío de poder, tras el fin de mandato de sus autoridades. La institución permanece acéfala, con la UNT sin rector por no lograr un consenso para su conducción. Este escándalo político evidencia una feroz interna entre sectores, desviando la atención de los problemas académicos y estudiantiles. La comunidad estudiantil, harta de la parálisis, exige respuestas urgentes sobre infraestructura, becas y calidad educativa. La Asamblea Universitaria del 10 de junio será una prueba de fuego para recuperar la institucionalidad perdida y evitar mayor deterioro. Sin una conducción legítima, la principal universidad del norte argentino arriesga su credibilidad y capacidad de proyectar liderazgo en la sociedad.
